Novalis (1772-1801)
Novalis es el seudónimo o nombre poético de Friedrich von Hardenberg (1772-1801), sin duda el poeta más profundo y de mayores vuelos del romanticismo alemán. Él fue quien inmortalizó el símbolo romántico de «la flor azul» (die blaue blume), el objetivo nunca alcanzado y siempre anhelado, encarnado en la Poesía y el Amor. En su breve obra, sintetiza y poetiza los grandes sistemas filosóficos del romanticismo alemán, de su maestro Fichte y de Scheiermacher. Su quijotesco propósito era «romantizar» el mundo, «transformar lo cotidiano en sublime, lo finito en infinito» y hacer de las artes –derribando arbitrarias barreras– el Arte universal, intensificando las interrelaciones entre las ciencias naturales, la poesía, y la filosofía, sobre una base religiosa. Como buen romántico, murió presa de la tuberculosis antes de alcanzar los treinta años.
Estudió –contra su voluntad– derecho en Jena, pero asistía principalmente a las clases de historia de Schiller y a las de filosofía de Fichte. Continuó sus estudios en Leipzig, donde conoció a Friedrich Schlegel con quien traba amistad y quien influirá notablemente en su obra. Las matemáticas y las ciencias naturales le atraían más que el derecho, y acabó por dedicarse a la ingeniería. Consiguió a continuación un puesto administrativo en las salinas de Weissenfels.
En 1794 conoció y se enamoró locamente de una niña de 13 años, Sophie von Kühn, quien tendrá un papel decisivo en su vida y obra… Sophie muere a los 15 años después de larga enfermedad, quedando el poeta sumergido en la soledad y la desesperanza. Unos meses después de la muerte de su amada, en mayo de 1797, comenzará a escribir los famosos Himnos a la Noche (Hymnen an die Nacht), que no concluirá hasta 1799.
Novalis procedía de una familia pietista. Su profunda religiosidad y una vivencia –que nos recuerda a Cadalso, aunque solo en lo anecdótico–, una especie de éxtasis junto a la tumba de su amada, marca el nuevo rumbo que tomó su vida.
Novalis es una especie de místico protestante con evidentes afinidades con el catolicismo. El poeta Novalis, versado en ciencias naturales y en la filosofía fichteana, corporiza en su obra poética y narrativa, en sus «fragmentos» y aforismos, una nueva religión natural de sello ecuménico. Y un idealismo apodado mágico.
La poesía para Novalis es la realidad mágica del sueño, en la que éste se convierte en realidad y la realidad en sueño. Sueño y realidad, misteriosos secretos mágicos, serán el final –inconcluso– del Enrique de Ofterdingen (Heinrich von Ofterdingen), el gran proyecto novelístico de Novalis que su muerte prematura le impidió terminar. La historia del poeta medieval que se lanza en un largo viaje a la búsqueda de «la flor azul», símbolo de la belleza, la felicidad, y las ilusiones inalcanzables. La primera parte, titulada La espera, aparecida en 1802, permite apreciar la grandeza de este proyecto truncado. Llegado a Ausburgo, Enrique asiste a los preparativos de una nueva Cruzada, tiene un encuentro con Zulima (la Naturaleza), halla los metales preciosos en una misteriosa caverna, y por último el amor de Matilde. De un viejo poeta llamado Klingsohr (Goethe) oye un cuento, que concluye la primera parte de la novela y que es como una síntesis de sus objetivos. El propio Novalis lo comentó así: «El antagonismo entre la luz y la sombra, la nostalgia de un éter claro, cálido, penetrante…, la mezcla del elemento romántico de todos los tiempos, la razón petrificante y petrificada… así es como veo yo mi cuento»
La primera muestra del talento literario de Novalis fue su breve narración Los discípulos en Saís (Die lehrlinge zu Sais, 1798), basada en un poema de Schiller, donde introduce uno de los cuentos más bellos del romanticismo alemán: Jacinto y Rosaflor (Hyacinthe und Rosenblütchen). El discípulo que busca revelaciones en el mundo circundante no las encontrará finalmente más que en su propio ser.
La cristiandad o Europa (Die christenheit oder Europe, 1799) es un ensayo político-filosófico en el que Novalis, fascinado por la edad media, ensalza «los hermosos tiempos en los que Europa era un país cristiano, cuando una cristiandad única habitaba este continente».
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