La actual República de Kazajistán reconoce en Alfarabi su mayor gloria histórica: la Universidad Nacional del Estado Kazajo lleva su nombre y desde 1993 los billetes de más de 200 tenge muestran el supuesto retrato de Alfarabi.
Abu Nasr Muhammad Al-Farabi (Alpharabius, Avennasar, Alfarabi) nació cerca de Farab, en el Turquestán, en 870 (259 h.), y falleció en Damasco, con ochenta años, en diciembre de 950 (339 h.). Vivió en Bagdag, donde escuchó las lecciones del médico cristiano Yuhanna bn Haylan, siendo condiscípulo del también cristiano Abu Bisr Matta, traductor de Aristóteles. Vivió también en Alepo y Damasco. Escribió obras de filosofía, matemáticas y medicina, comentarios a las obras de Platón y a las de Aristóteles, y aunque se han perdido muchas de ellas, nos han llegado unas treinta en su original árabe, seis en hebreo y tres en latín, aparte de algunos fragmentos. Alfarabi considera a Platón y Aristóteles como los fundamentadores del pensamiento filosófico, y como supone que no tiene sentido la existencia de un germen de discrepancia entre las opiniones de los dos más grandes filósofos, lo que llevaría al escepticismo, busca la concordancia interna entre ambos, en línea con la tradición del sincretismo neoplatónico. Esta labor la realiza a la vista de los textos mismos, comparándolos con el rigor de un filólogo. El estilo de Alfarabi es sistemático, conciso y seco. El racionalismo de Alfarabi será duramente criticado por Algacel, pero deja abierto un camino que seguirán Avicena y Averroes. Tomamos de Miguel Cruz Hernández la siguiente relación de obras filosóficas de Alfarabi, casi ninguna traducida al español.
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