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Arturo Reyes


1. Nacimiento y primeros años Nace Arturo Reyes el 29 de septiembre del año 1864(**). Fue el segundo de cinco hermanos. Toda su infancia transcurre en la barriada malagueña del Perchel. Cuando sólo tiene un año se marcha del hogar la madre, Josefa Aguilar, por problemas conyugales, lo cual va a condicionar duramente su porvenir, al carecer de tan necesario apoyo, "y al lado de un padre que, aunque cariñoso, había sido demasiado duramente golpeado por la vida como para poder dar a sus hijos ese amor atento, firme y sosegado que sirve siempre de fundamento a una personalidad equilibrada"(1). En estos años Arturo aprende las primeras letras y su padre, Manuel Reyes, queriendo dar a sus hijos una mejor instrucción, los matricula en el Colegio del Arcángel San Gabriel para estudiar idiomas y contabilidad. En estos momentos tan duros de la vida Arturo logra evadirse de la realidad a través de la imaginación y de una rica vida interior. Un recuerdo de su infancia lo podemos encontrar en unos versos correspondientes a la colección "Íntimas". "Ama al prójimo siempre, que es tu hermano, me dijo en mi niñez mi padre un día, y seguir su consejo quise en vano. Sin duda la vejez del noble anciano fue menos triste que la infancia mía" (2) Pero aún no acaban las desgracias. A la edad de 12 años sufre la muerte de su padre, teniendo que interrumpir los estudios, ante la carencia de medios económicos. Queda pues Arturo en una situación lamentable. Arturo entonces no tiene otra salida que ganarse la vida en los oficios más humildes, bien como recadero en el muelle, o vendiendo trozos de suela entre los zapateros de portal (3-Ampliación). 2. Esperanza y vitalidad (1880-90) Arturo sobrelleva como puede esta época de incertidumbre, pero al final del túnel parece atisbarse alguna claridad, y en 1880 lo encontramos como dependiente en el comercio de Eduardo Loring Oyarzábal, en quien halló el afecto propio de un padre. En estos años Arturo Reyes es una persona predominantemente alegre, vital, despreocupado, abierto a la amistad, y de una constitución física envidiable. Su hijo Adolfo nos cuenta cómo son estos años: "Por entonces la vida de mi padre fue impetuosa y difícil. Mezcla del brío de su mocedad y de las contrariedades de su situación ahogada. Vivía solo. Se cosía las roturas; enjuagaba en el lavamanos los cuellos de caucho, y se cepillaba el traje en las festividades, para ir de mejor modo que los demás días. Verdaderamente no son alegres las referencias que os puedo dar de su juventud" (4). No obstante el trabajo de dependiente dio estabilidad a su vida, y pronto Arturo comienza a interesarse por la poesía y las pequeñas narraciones. Al parecer fue Espronceda uno de sus poetas preferidos. La literatura es para Arturo un estupendo vehículo de desahogo y canalización de su fantasía. En estos años de vitalidad y optimismo conoce a Carmen Conejo Guillot, en quien trata de buscar la paz y el equilibrio sentimental que necesitaba en su vida. Prevenida por la fama de conquistador que tenía por entonces ya Arturo, -fama que mantendrá durante muchos años más-, Carmen no era muy propicia a la boda, pero finalmente ambos se unen en matrimonio el 14 de junio de 1884, contando ella 18 años y él 20. Justamente al final de 1884 la desolación se adueña de Málaga y Granada: un terremoto causa, solamente en nuestra provincia, 55 muertos y 59 heridos, quedando destruidos más de mil edificios, y ocasionando la ruina no solo de la capital, sino de pueblos como Periana, Torrox, Nerja o Cómpeta, entre otros. Esta tragedia afecta directamente a Arturo, ya que se viene abajo la casa donde éste trabajaba, quedando en situación de desempleo. En estos días de angustia económica es cuando se plantea vivir de la literatura, y escribe uno de sus más famosos relatos andaluces, al que tituló "Conchita la burrera". El relato fue publicado por capítulos en el periódico "El Correo de Andalucía", que entonces dirigía Juan J. Relosillas. En Marzo del 85 nace su primer hijo, al que bautiza con los nombres de Arturo Leopoldo José Reyes Conejo, y pocos meses más tarde consigue trabajo en el periódico "El Cronista" como redactor, empleo que mantendrá prácticamente hasta su muerte. Precisamente esta ocupación hace que Arturo viva más intensamente el mundo cultural malagueño, y así con sus amigos Narciso Díaz de Escovar y José Ruiz Borrego concibe el proyecto crear un centro docente para la formación de la juventud en la actividad literaria y teatral. Este Centro verá la luz en 1886, con el nombre de "Academia Provincial de Declamación". Incluso logran levantar un teatrillo en calle Beatas, con el nombre de "Lope de Vega". La institución cambió de sede en varias ocasiones, y allí se desarrolló durante largos años una labor didáctica impagable en todos los sentidos, ya que esta Academia no logró autofinanciarse, sino que su mantenimiento costaba esfuerzo y dinero a los propios fundadores. No obstante Arturo siempre se sintió orgulloso de ella, y por sus aulas pasarían alumnos como Rosario Pino, Teresa Santiago, José Tallví y Emilio Thuiller. En 1886 viene al mundo su hija Carmela, y al año siguiente Amelia, que murió pronto. Mientras tanto, Arturo continúa fomentando sus amistades en el mundo cultural de la ciudad, alternando su labor periodística con las clases en la Academia y la lectura de poemas y cuentos entre su círculo de amigos. En 1888 logra publicar en Madrid y con el apoyo de su maestro Martínez Barrionuevo, una colección de narraciones breves con el título de "El Sargento Pelayo". Hay que mencionar que por esta primera época, Arturo está en permanente "lucha" con los editores para que le publiquen sus libros, e incluso llega a costear de su propio bolsillo los gastos de edición de no pocas de sus obras. Su amigo Salvador González Anaya nos ha dejado un retrato literario de Arturo a los 25 años de edad: "Conocí a Arturo Reyes en plena juventud, cuando aún sus labios no gustaban de las mieles de la celebridad. Precisamente le recuerdo como era entonces, con el rostro atezado y de belleza varonil, la barba recortada y con negrura de azabache, los ojos grandes, muy oscuros y de mirada luminosa, y en la boca, pequeña, ligeramente contraída, un rictus melancólico que amortiguaba la energía de su arrogante humanidad. Era de andar airoso y ademanes gallardos, de complexión robusta, de encantadora simpatía y de impetuoso vivir" (5). En 1889 Arturo Reyes emprende una nueva tarea: Su colaboración en el semanario "El Renacimiento", que trataba temas de literatura, arte y ciencias, y que salía 3 veces al mes al precio de una peseta. Este mismo año edita su primer libro de versos en Málaga, con el título de "Ráfagas". 3. En busca de la fama (1890-98) En 1890 nace su hijo Adolfo, que será quien lo conforte los últimos años de vida. Por este tiempo Arturo no dedica a su familia la atención requerida, ya que vive prácticamente absorto por todas estas actividades mencionadas, y quizá mas preocupado en buscarse un lugar en el mundo de las letras que en otra cosa. Continúa escribiendo relatos y cuentos para los periódicos y revistas, y publica un libro formado por dos de estos cuentos más una novelita que daba título al volumen: "¡Estaba escrito!". Conforme avanzan las posibilidades literarias de Arturo Reyes, éste va comprendiendo que para triunfar era necesario el apoyo de los escritores de prestigio del momento, como Francisco Bergamín, Jacinto Benavente, Blasco Ibáñez, Juan Valera, Campoamor o Pío Baroja, motivo por el cual se lanza a la promoción de su obra, y no duda en enviarles copias de las mismas a fin de que las valoren. He aquí una muestra, en la carta que envía a Pérez Galdós, con quien llegó a tener una buena amistad: "Muy Sr. mío de mi más distinguida consideración: Aunque no tengo el honor de conocerle, confiado en su notoria bondad me permito adjuntarle un ejemplar del libro que acabo de editar por si quisiera dispensarme la honra de leerlo. Si no le causara mucha molestia mi pretensión, me atrevería a rogarle me indicara su opinión sobre el libro; favor por el cual le quedaría eternamente agradecido." (6). A principios de 1891 publica una colección de versos con el título de "Íntimas". Animado por dos premios conseguidos en un certamen municipal, Arturo intensifica su actividad literaria durante el resto del año, colaborando en muchos periódicos españoles (La Unión Mercantil, El Álbum, el Correo de Andalucía, la Ilustración Española...) En 1892 nace su hija Rafaela. Este mismo año viaja a Tánger como reportero de la revista "El Renacimiento", quedando notablemente impresionado por la cultura árabe, por la que desde muchos años antes se sentía atraído. Tenía un buen conocimiento de la historia de la Málaga musulmana, y viajó algunas veces a Granada. A la vuelta de Tánger, Arturo comienza a pensar en la idea de escribir un libro de poesías que recogiera sus experiencias vitales hasta entonces. Es así como ve la luz "Desde el surco". El impulso necesario para el lanzamiento de esta obra, en la que tenía puestas muchas ilusiones, lo logra en un viaje a Madrid, que realiza en 1893. Primero visita a su amigo Salvador Rueda, que triunfaba por aquella época en la capital de España, pero éste le niega la ayuda inexplicablemente. Desde entonces ambos escritores mantendrán una notoria rivalidad. No obstante el inconveniente surgido, Arturo consigue su objetivo y finalmente Gaspar Núñez de Arce accede a escribirle el deseado prólogo para el nuevo libro. Se entrevista también con Ramón de Campoamor, con Galdós, y posiblemente con Ortega Munilla. En todas estas entrevistas consigue una crítica positiva sobre sus propios escritos y ésto le anima a seguir luchando. A la vuelta de Madrid, un nuevo aprieto económico hace que Arturo reúna varios de los cuentos ya conocidos del público en un nuevo libro: "Cosas de mi tierra", que a pesar de la urgencia con que fue compuesto, sería muy bien acogido, agotándose rápidamente la edición. En el año 1895 Reyes obtiene el nombramiento como funcionario municipal, lo que le proporcionará una estabilidad económica hasta su muerte. Nuestro escritor estará durante toda su existencia en permanente "quiebra" económica, bien por las crecientes necesidades de sus hijos que se van haciendo mayores, bien por los continuos gastos que le ocasionan sus aficiones literarias, sus viajes, sus relaciones y sus momentos de ocio no siempre baratos. Reyes se siente escritor de pies a cabeza, pero ésto no impide que cumpla siempre las obligaciones de su cargo municipal, relacionado con la contabilidad, de forma escrupulosa y ejemplar. Su extraordinaria capacidad le permite simultanear este trabajo con las cada vez más numerosas colaboraciones en la prensa de la época. Así por ejemplo, aprovechando las horas nocturnas en la redacción de El Cronista, escribe una novela de ambiente regional. Por este tiempo conoce a Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, gobernador civil de Málaga y sobrino del famoso estadista, quien conoció y alabó la obra, que llevaría por título "Cartucherita". En realidad toda la prensa de Madrid se volcó en elogios. Esta fue sin duda la mejor ocasión que tendría Arturo de ampliar horizontes y marchar a Madrid, al ser solicitado por periódicos de prestigio, como el Imparcial o La Época, pero Arturo no quiso sacrificar su contacto con Málaga a cambio de un mejor sueldo y consideración social. Además "Cartucherita" le da la necesaria confianza para continuar la tarea, y le abre las puertas a amistades literarias de prestigio: Ortega Munilla, Benito Pérez Galdós y el mismo Cánovas del Castillo. El éxito obtenido le anima a escribir otra novela, rápidamente gestada, "El lagar de la Viñuela", libro que presentaba un drama pasional ambientado en el mundo rural de nuestra provincia. Esta novela no hizo más que confirmar y consolidar a Arturo como escritor de prestigio. Dulce periodo literario enturbiado no obstante por la pérdida de su hijo Arturo, en quien había puesto tantas ilusiones... Y en 1901 muere en Barcelona su madre. 4. En la cima del éxito (1898-1904) El año 1901 no puede empezar para Arturo con mejores posibilidades. La Biblioteca Mignon le publica unos relatos con el nombre de "Cuentos andaluces", que precisó un nuevo viaje a Madrid para supervisar la edición. Al parecer esta obra fue traducida al alemán, y publicada por entregas en una revista suiza. Pero quizá el éxito del año es la publicación de su tercera novela extensa, "La Goletera". A la presentación de la obra en Madrid, asisten numerosos escritores entre los que podemos destacar a Maeztu, Benavente y Ortega. Incluso Juan Valera, que no pudo asistir, escribió una comunicación que se leyó públicamente y en la que confesaba su positivo cambio de opinión respecto a las obras regionalistas, a la vista de los escritos de Reyes. En Málaga también se festeja el acontecimiento, y el Ayuntamiento, desde entonces, será uno de los principales patrocinadores, en este caso costeando la edición de la novela, otras veces adquiriendo ejemplares de la misma. Toda la prensa nacional alaba al novelista, y Ricardo León le dedica un extenso poema, al que pertenecen estos versos: "El genio resplandece en su mirada desbordante de luz y de energía y tiñe con su luz arrebolada los recios trazos de su tez, tostada por el ardiente sol de Andalucía. Alma de artista, corazón de atleta, de fe, de amores y entusiasmo lleno, llegó el Arte a la gloriosa meta, ciñendo la corona de poeta a sus robustas sienes de agareno. Sus versos resplandecen como espadas escintiladas por el sol; su prosa vibra en ondas de luz, en oleadas de música y color, en llamaradas de genio audaz, de inspiración radiosa..." (7) A comienzos de 1902 publica un nuevo libro de narraciones con el nombre "Del Bulto a la Coracha", que si bien supone un fuerte sacrificio económico para Arturo, sin embargo estos cuentos van a ser adaptados al teatro por el sainetero asturiano Vital Aza, con el nombre de "La Clavellina". Un año después la historia se repite y "La Goletera" será llevada al teatro por Federico Oliver, interpretada por la compañía de Carmen Cobeña, y estrenada en el Teatro Cervantes de Málaga. En 1903 Arturo, que ya colaboraba en bastantes periódicos, debuta en Blanco y Negro, La España Moderna, Nuevo Mundo y El Cosmopolita, entre otros. Sus aportaciones en estos medios consistían en ensayos literarios, poemas o narraciones cortas, en las cuales se proponía básicamente fines estéticos. 5. Últimos años: Entre la crisis interior y la enfermedad (1904-13) 1904 es un año clave en la vida de nuestro escritor. Su salud se hace más quebradiza. Comienza a preocuparse verdaderamente por su familia, y entra en una crisis profunda, tal vez coincidiendo con algún desengaño amoroso. Su decadencia física, la pérdida de ilusiones pasadas, todo ello le empuja a revisar su existencia enfocándo ésta hacia la metas más espirituales. Este cambio de orientación en su vida se plasma con nitidez en un libro de poesías, al que titula "Otoñales". En esta obra hace su presencia de forma inequívoca el sentimiento religioso del escritor. Este proceso se resume en una carta a su amigo León y Serralvo, en la que incluye, entre otros, los siguientes versos: "...Murió el ayer, y del ayer sombrío al choque del dolor, surgió el creyente, y ya creyente en sucumbir confío: Que si en mi loca juventud ardiente yo fui torrente, descendió el torrente y en la llanura convirtióse en río" (8) En "Otoñales" vuelve los ojos hacia su esposa, mujer generosa y abnegada, a la que canta con emoción: "Cuánto, cuánto te quiero, mi compañera, onda de amor que inundas el alma entera; ídolo de la vida, cuán buena eres, ribera de las olas de mi ternura, la más buena de todas y la más pura de las mujeres" (9) A esta crisis existencial hay que sumar una nueva "crisis económica". Nuestro escritor con frecuencia se queja amargamente de que la misma sociedad que lo ovaciona y elogia sin cesar, a la hora de la verdad, mira para otro lado y no compra sus libros: "Se extraña usted que en Málaga se vendan pocos libros -dijo en cierta ocasión Arturo-. No se si los míos tendrán algún mérito, pero voy a citarle a usted el caso de mi obra "La Goletera": Solamente en Madrid vendí en dos ediciones más de cinco mil ejemplares; aquí en Málaga no habrá llegado a un centenar, y éstos, colocados de compromiso" (10-Curiosidad). Una actividad que va a llenar estos años de su vida estará relacionada con su afición a la arqueología. Los proyectos de demolición de la Alcazaba (que afortunadamente nunca llegaron a realizarse) provocan en nuestra ciudad un inusitado interés por la antigüedad. Esta afición, en Arturo, será muy intensa y le sirve también como evasión en esta época de crisis. Aprovecha sus viajes a Madrid para visitar el Museo Arqueológico, así como las reproducciones del Casón del Retiro. Este enamoramiento por la arqueología le hace colaborar con la "Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos" de Málaga, a la que pertenecía junto con sus amigos Díaz de Escovar (Narciso y Joaquín), Moreno Maldonado, García de Toledo y otros. Precisamente una de las reivindicaciones de esta Junta será la de conseguir que el Ministerio de Hacienda, a la sazón propietaria del edificio de la ADUANA, habilitará parte de su planta baja para la conservación de todos estos restos de época clásica y árabe que iban apareciendo en las excavaciones, a fin de que estas notables piezas de nuestro patrimonio histórico no acabaran saliendo de Málaga para ir a parar a los almacenes de Museo Arqueológico de Madrid. (11-Ampliación) Mientras tanto, la salud de Arturo va deteriorándose cada vez más. Las continuas molestias de abdominales le producen dolores tan intensos que los médicos solo pueden calmar con cloruro mórfico. Pasa muchas horas con su hijo Adolfo. A veces la enfermedad parece remitir, entregándose nuestro escritor a una copiosa producción literaria, en los que alcanzaría los más codiciados premios. Cada vez con menos frecuencia acude a esas reuniones de escritores de las que antaño tanto gustaba, en los cafés o ventorrillos de la ciudad, como el café del Senado, de Calle Granada, o la Librería de Rivas, en calle La Bolsa. A estas tertulias solían acudir Salvador González Anaya, Ricardo León o Salvador Rueda. Con este último mantuvo durante muchos años Arturo una fuerte rivalidad como ya se ha mencionado, aunque finalmente se reconciliarían con un entrañable abrazo. Tampoco deja Arturo sus ocupaciones en la Academia de Declamación, ni deja de acudir a su trabajo en el Ayuntamiento, sito en la calle San Agustín, salvo en las crisis de salud. En 1910 los médicos le recomiendan un descanso en la sierra, motivo por el cual marcha unos días a Jimera de Libar. Allí pensaba Arturo tomar fuerzas y sacar fruto literario del viaje, pero la gente sencilla de aquel entorno le asedia a todas horas con continuas muestras de afecto. Sin la calma ni soledad que requiere la creación intelectual, Arturo no puede escribir ni una sola línea, pero la estancia le proporciona la paz y energía que su espíritu necesitaba. A la vuelta se dedica Arturo plenamente a la promoción de su último libro, una colección de poesías que llevará por título "Béticas", uno de los más bellos escritos que salieron de su pluma. Tiene tal confianza en ella que le hace una gran promoción regalándola con prodigalidad entre sus conocidos. La obra triunfa en Madrid con un éxito sin precedentes en la vida literaria del escritor, y como consecuencia en diciembre de 1910 es nombrado Correspondiente de la Academia de Poesía Española de Madrid. Su popularidad se extiende también por Hispanoamérica, sobre todo en la región del Plata, Uruguay y Venezuela. A fines de este mismo año aparece la novela "Cielo Azul", también una de gran calidad. Y la colección de poemas "Romances Andaluces", en las que combina la gracia del sainete, la amargura del drama y la aguda observación. Y poco después la Real Academia Española le concede, junto con Ricardo León, el premio Fastenrath, hecho que desencadenó su nombramiento como hijo Predilecto de Málaga, siendo propuesto como director de una futura Biblioteca Municipal. En esta última decisión tuvo mucho que ver la ayuda que le prestó su amigo Pérez Galdós. La Real Academia de la Lengua, el 12 de Octubre de 1911 le nombra Académico Correspondiente Español en Málaga, merced a sus protectores en Madrid Catalina, Echegaray y Picón. Además llegaría la subida de sueldo que tanto necesitaba, pasando a cobrar la cantidad de 4.000 Pts. al año, cantidad muy aceptable en aquella época, pero realmente insuficiente para él ya que eran muchos los gastos de promoción, viajes y presentaciones, a lo que se unía su temperamento abierto y desprendido. (12-Ampliación) Por fin, el 5 de septiembre de 1912, en el Teatro Cervantes, el mundo cultural y político de Málaga le ofrece un multitudinario homenaje (no será el único, puesto que van a sucederse algunos más). El poeta, hondamente emocionado, lee estos versos, dedicados a Málaga: "Málaga hermosa, Málaga mía, gala y orgullo de Andalucía; ... Por tanto amarte no quise nunca dejar tu seno donde se trunca mi vida toda, donde ha vivido, donde he sufrido, donde he luchado, Más olvidado que bien querido; más aunque siempre más me han amado lejos del nido donde he nacido, ¡cómo dejarte si siempre has sido y eres la musa de mis canciones!; ¡cómo dejarte, si tú los sones de mis canciones das a mi lira!... ¡Ay, no te dejo, no te abandono que es en tu seno donde ambiciono ver acercarse mi hora postrera, cuando ya a salvo mi caravana dejar consiga tras la frontera siempre indecisa, siempre lejana de los abrojos que hallé doquiera posé mi planta! ¡Ay, quien pudiera tras tantas luchas y sinsabores, dormir tranquila y eternamente, bajo tu cielo resplandeciente, bajo tus campos llenos de flores!" (13) 1913 es el año de la muerte de Arturo Reyes. La enfermedad lo domina y acorrala. Aunque su estado le impide levantarse del lecho, aprovecha los momentos que puede para hacer novelas, cuentos, poesías, en una labor que pudiéramos llamar sobrehumana, sacando fuerzas de flaqueza, en una carrera desenfrenada, pero sin perder sus escritos un ápice de calidad. Más que nunca vive volcado en su familia: "Tengo tres hijos -escribe en una carta-, dos hembras y un varón, dos mujeres y un hombre en el que tengo puestas todas mis ilusiones". Finalmente, el día 17 de junio muere Arturo Reyes en la casa nº 13 de la plaza de Riego, actual plaza de la Merced, rodeado de su familia y de algunos amigos íntimos. Arturo había muerto en Málaga. Ese había sido su deseo, en esa Málaga a la que tanto amó. Los médicos dieron como causa un cólico hepático. Toda la prensa española e hispanoamericana se hizo eco de la muerte del poeta. El epitafio literario lo puso el periódico "La Defensa" con estas palabras: "Ya era Arturo Reyes en las letras algo indiscutible; se asentaba su nombre sobre una sólida reputación inquebrantable...; ha muerto Arturo Reyes cuando la fortuna se le aparecía más propicia, cuando empezaba a segar el grano dorado, producido a costa de tanto esfuerzo, de tanto noble sudor."

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