Después de una vida vagabunda, durante la cual desempeñó los más diversos oficios -aprendiz de zapatero, carbonero, maestro de escuela, obrero de carreteras, vendedor ambulante etc.-, Knut Hamsun reflejó su existencia errante y su individualismo antisocial en su primera novela, Hambre (1890), que le dio fama internacional y le permitió dedicarse por entero a la literatura, escribiendo, además de narraciones, obras de teatro y poemas líricos. Considerado el más grande, después de Ibsen, de los escritores noruegos, su inconformismo, su rechazo a la civilización decadente, su culto al superhombre de Nietzsche y su germanofilia le llevaron a colaborar con el nazismo, razón por la cual su extraordinaria celebridad, que no había dejado de crecer desde que, en 1917 se le concedió el Premio Nobel, sufrió un paréntesis de varias décadas. De todas maneras, y sea cual sea el juicio que sobre su conducta final se tenga, no puede negarse que Hamsun es un excepcional escritor y que Hambre es una magnífica novela, que despertó la admiración de escritores muy alejados de las tendencias de su autor. Basta citar el ejemplo de André Breton, quien creyó encontrar en Hambre una de las primeras descripciones de la escritura automática.
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