“En una tarde maravillosa, el no menos maravilloso alguacil Iván Dmítrich Cherviakov se hallaba sentado en la segunda fila de butacas y miraba con los gemelos Las campanas de Corneville. Miraba y se sentía lleno de felicidad. Pero de pronto... En los relatos aparecen con frecuencia estos «pero, de pronto». Los autores tienen razón: la vida está llena de imprevistos.”