"Lo de Gilson iba mal: tal era el juicio lacónico y frío, si bien no carente de simpatía, de la mejor opinión pública de Mammon Hill: el dictamen de la sociedad respetable. El veredicto del elemento opuesto, o mejor sería decir oponente -el elemento que acechaba con ojos enrojecidos e inquietos la «ruina» de Moll Gurney, mientras la respetabilidad se tomaba el asunto más dulcemente en el magnífico «salón» del señor Jo. Bentley- venía a tener prácticamente los mismos efectos generales, aunque expresados con mayor adorno mediante la utilización de pintorescas palabrotas que es innecesario citar."