la destrucción por tres horas y cuatro mil kilómetros, un margen invisiblemente pequeño
para las normas del universo. El 12 de febrero de 1947 otra ciudad rusa se salvó por un
margen aún más estrecho, cuando el segundo gran meteorito del siglo veinte estalló a
menos de cuatrocientos kilómetros de VIadivostok provocando una explosión que
rivalizaba con la bomba de uranio recientemente inventada.