El negro Batanero, mientras limpiaba las botas de su jefe, cantaba
a voz en cuello una canción sin sentido. Palabra que se le ocurría,
palabra era que agregaba a su canción con gran regocijo de su parte y
desesperación de sus compañeros.
-¡Cállate, negro del demonio! -le gritó Peters, sin dejar de limpiar
su pistola.
Pero el negro continuó cantando alegremente sin preocuparse por