"...Durante largas horas y largas semanas, el Doctor mirabilis vigilaba su creación. Los labios de hierro permanecían silenciosos y los ojos de hierro permanecían inexpresivos. Ninguna voz, sino la voz del grande hombre, sonaba en su celda monástica y no había respuesta para ninguna de las preguntas que él formulaba; hasta que un día, cuando estaba sentado examinando su trabajo, releyendo una carta que escribiera a Duns Scoto en la distante Colonia, un día..."
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Para que un país sea republicano y libre, no basta que lo diga su constitución; es preciso que se lo permitan su inteligencia y estado actual (Eustorgio Salgar)