"Atardecía lentamente. Desde un cerro próximo, el viento helado trajo el balar lamentoso de un corderillo extraviado entre las matas que poblaban el faldeo. Orillando el camino, cuyos barrizales ya comenzaban a orear los primeros vientos de travesía anunciadores de bonanzas, caminaba un jinete cuyas facciones exiguas apenas se advertían en la media luz del crepúsculo. El rac-rac de los cascos de su bestia cansina, despertaba un leve eco en la inmensa quietud que llenaba el ámbito. Unos árboles deformes y ateridos se curvaban extendiendo los brazos, como si quisieran cobijar su desnudez entre las matas del trigal que tapizaba el suelo, húmedo todavía con las últimas lluvias."
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Todos los hombres son aptos para perpetuar la especie; la naturaleza forma y escoge aquellos que son dignos de perpetuar la idea (José María Vargas Vila)