| Que destino más glorioso, pero, a la vez, lamentable, ser en este mundo un mirlo excepcional! No soy en ab¬soluto un pájaro fabuloso, y el señor de Bufón se ha ocupado de mí, pero, ¡ay!, sí soy extremadamente raro y muy difícil de encontrar. ¡Ojalá hubiese sido totalmente imposible! Mi padre y mi madre eran dos buenas per¬sonas que habitaban, desde hacía muchísimos años, en el fondo de un viejo y retirado jardín del Marais. Constituían un matrimonio ejemplar. Mientras mi madre, posada en un espeso matorral, ponía regularmente tres veces por año, e incubaba adormecida, con una religión patriarcal, mi padre, todavía muy esbelto y petulante a pesar de su mucha edad, revoloteaba a su alrededor durante todo el día, proporcio¬nándole hermosos insectos, que prendía delicadamente por la punta de la cola para no disgustar a su esposa, y, llegada la noche, nunca dejaba, cuando hacía bueno, de obsequiarla con una canción que… |