La frontera necesitaba a Wetzel. Los colonizadores hubiesen necesitado muchos más a?os para civilizar aquellas regiones de no haber sido por él. Wetzel nunca fue colonizador; sólo fue cazador de indios. Cuando no seguía las huellas de los salvajes pieles rojas, se quedaba en las colonias, su aguda mirada y su fino oído atentos a cualquier se?al de hostilidad. Para el supersticioso indio era? una sombra, el espíritu de la frontera que llevaba la muerte a las selvas oscuras. Para los colonizadores era el brazo derecho de la defensa, el cabecilla adecuado para los pocos audaces que hicieron posible la colonización del Oeste. Y si esta historia de una de sus inexorables persecuciones revela al hombre tal como fue en realidad, amado por los colonizadores, respetado y temido por los indios y odiado por los renegados, si suaviza un poco la fama de hombre despiadado con que ha pasado a la historia, el autor se considerará muy bien recompensado."