"Eran las nueve de la noche de un dos de agosto: el peor agosto de la historia del mundo. Ya entonces podía uno pensar que la maldición de Dios se cernía aplastante sobre un mundo degenerado, pues flotaban un silencio sobrecogedor y una sensación de vaga expectación en el aire sofocante y estancado. El sol se había puesto hacía rato, pero en el occidente lejano, a poca altura, se dibujaba una franja rojo sangre, como una herida abierta."
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Si en realidad quisieras a la mujer y no a la musa que investaste, poeta, le regalarías acción en vez de rosas, sabiendo como sabes que ella no puede moverse. (Pilar)