"Las montañas de la cordillera de los Alpes que bordean la frontera nordeste de Italia ya estaban, en el otoño del año 408, surcadas en numerosas direcciones por las huellas que dejaban a su paso las fuerzas invasoras de las naciones septentrionales a cuyo conjunto se suele designar con el nombre de godos. En algunos sitios, esas huellas consistían en árboles caídos a un lado del camino, y en ocasiones, cuando casi las borraban los destrozos provocados por las tormentas, asumían la apariencia de pantanos desolados e irregulares."