| "El drama que se va a leer nada tiene que lo recomiende a la atención o a la benevolencia del público. Ni siquiera tiene, para atraer sobre sí el interés de las opiniones políticas, la ventaja del veto de la censura administrativa; ni tampoco, para concitarle desde el principio la simpatía literaria de los hombres de buen gusto, el honor de haber sido rechazado oficialmente por un infalible comité de lectura. Se ofrece, pues, a las miradas, solo, pobre y desnudo, como el enfermo del Evangelio: solus, pauper, nudos..." |