Aquel día hallé a mi amigo en sus habitaciones, sobrecargado de trabajo. Su celebridad era la causa de que toda mujer rica que hubiera extraviado un brazalete o su perro favorito recurriera a los servicios del gran Hércules Poirot. Mi pequeño amigo era una extraña mezcla de hombre de negocios y romántico idealista. Lo segundo lo llevaba a la aceptación de muchos casos sin apenas interés profesional."