"Lily Murgrave alisó los guantes con gesto nervioso sin quitárselos de encima de la rodilla y dirigió una ojeada rápida al que ocupaba el sillón que tenía en¬frente. Había oído hablar mucho de monsieur Hércules Poirot, el famoso investigador, pero ésta era la primera vez que le veía en carne y hueso. El cómico, casi ridículo, aspecto del digno caballero variaba la idea que se había hecho de él. ¿Podría haber llevado a cabo, en realidad, las cosas maravillosas que se le atribuían con aquella cabeza de huevo y aquellos desmesurados bigotes?"