| "¡Y qué pocas son las ocasiones que no se predica de este modo en estos tiempos! Tiempos desiertos para todos los predicadores; tiempos sordos, que no quieren oír sermones de ningún género: los únicos medios de manejarlos son el palo, el oro, y la risa: agentes invencibles que se abren paso por dondequiera, y para los cuales no hay desiertos, porque a la elocuencia del palo, nadie es insensible; nadie es ciego a la luz del oro, ni sordo al susurro formidable de la risa. En saliendo de aquí, ya todo es sermón, es decir, sueño, aburrimiento, sordera, ininteligencia, pérdida de tiempo, desiertos...."
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