El Támesis, el Danubio, el Rin, seguirán fluyendo aún; el Montblanc
continuará enhiesto con su nevada cumbre, la auroras boreales proyectarán
sus brillantes resplandores sobre las tierras del Norte; pero una generación
tras otra se ha convertido en polvo, series enteras de momentáneas
grandezas han caído en el olvido, como aquellas que hoy dormitan bajo el
túmulo donde el rico harinero, en cuya propiedad se alza, se mandó instalar
un banco para contemplar desde allí el ondeante campo de mieses que se
extiende a sus pies.