"Cuando abandoné la estación ferroviaria de Worchester y emprendí la caminata de cinco kilómetros hacia la casa de campo de Ransom, reflexioné que posiblemente nadie en aquel andén podría adivinar la verdad sobre el hombre a quien yo iba a visitar. El aplastado brezal que se desplegaba ante mí (porque el pueblo se extiende detrás y hacia el norte de la estación) parecía un brezal común."