Recuerdo muy bien, Adán, que a mí me legó nada más que mil coronas y, como dices,
hermano le encargó que me educase bien. Y ahí empiezan mis penas: envía a la
hermano Jaime, y es muy elogiado su aprovechamiento; pero a mí me tiene en la casa
mejor dicho, me retiene aquí sin educar. Pues, ¿llamas educar a un caballero a lo que