"El orangután de la gran jaula de hierro amarrada al corral empezó la discusión. La noche era agobiante de calor, y cuando Hans Breitmann (el corpulento alemán) y yo pasamos por allí delante, arrastrando nuestros jergones para dormir en la bodega de proa del vapor, se puso en pie y empezó a parlotear obscenamente. Lo habían capturado en algún lugar del archipiélago malayo, y lo transportaban a Inglaterra para exhibirlo a un chelín por cabeza. Durante cuatro días, había luchado, gritado y forcejeado contra los fuertes barrotes de su prisión sin cesar, y casi había herido a un lascar lo bastante imprudente como para ponerse al alcance de su gran garra peluda."