"Lo encontré una siesta de fuego a cien metros de su rancho, calafatean¬do una guabiroba que acababa de concluir. -Ya ve -me dijo, pasándose el antebrazo mojado por la cara aun más mojada- que hice la canoa. Timbó estacionado, y puede cargar cien arrobas. No es como ésa suya, que apenas lo aguanta a usted. Ahora quie¬ro divertirme. -Cuando don Luis quiere divertirse -apoyó Paolo cambiando el pi¬co por la pala- hay que dejarlo. El trabajo es para mí entonces; pero yo trabajo a un tanto, y me arreglo solo. Y prosiguió paleando el cascote de la cantera, desnudo desde la cin¬tura hasta la cabeza, como su socio Van-Houten."
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Mi filosofía me hace vivir contento con la seguridad de que el testimonio publico y el de mi conciencia, persuaden que he procurado llenar mis deberes (Santander)