"Desde los arcos de Nikitski, regresaba a mi casa por el bulevar de Tverskói. Eran ya cerca de las cinco de la tarde; sin embargo, el bulevar no era recorrido por el tumulto callejero de los sábados; sus avenidas aledañas permanecían desiertas y silenciosas como si todavía fuese amanecer. El cielo de septiembre insólitamente despejado no presagiaba el acercamiento del otoño: ni una sola hoja susurraba bajo los pies y la hierba, sin perder su color de mayo, se extendía como una manta verde, bella, esplendorosa."