"Hace ya algunos años ¡oh Póstumo! escribía yo con Sánchez Pérez y otros amigos El Solfeo, y en este periódico, o en alguno de los que le sucedieron con la misma dirección y sin grandes cambios de redactores, comencé a notar que colaboraba de vez en cuando uno de estos escritores gratuitos que llegan a convertirse en obligatorios, verdadera polilla de la prensa madrileña literaria, causa principal de su decadencia y de otros muchos males consiguientes; y noté también que el tal colaborador, dicho sea sin vanidad -¡ni qué vanidad..."