"El último en llegar a Hurdy-Gurdy no produjo el menor interés. Ni siquiera fue bautizado con ese apodo pintorescamente descriptivo que con tanta frecuencia es la palabra de bienvenida al recién llegado a un campamento minero. En casi cualquier otro campamento de por allí esa circunstancia le habría asegurado algún apelativo como «El Enigma de la Cabeza Blanca» o «No Sarvey», una expresión que ingenuamente se suponía sugería a las inteligencias rápidas la frase española quién sabe."