"En 1830, hasta sólo unos kilómetros de lo que es ahora la importante ciudad de Cincinnati, había un bosque inmenso y casi continuo. Toda la región estaba poblada, escasamente, por gentes de la frontera: almas inquietas que tan pronto habían levantado con leños del bosque casas bastante habitables y alcanzado ese grado de prosperidad que hoy llamaríamos indigencia, impelidas por algún impulso misterioso de su naturaleza lo abandonaban todo y seguían avanzando hacia el oeste para enfrentarse a nuevos peligros y privaciones en el intento de recuperar las escasas comodidades a las que habían renunciado voluntariamente."