"Pintaba árboles guiado por una intuición extraordinaria que le permitía adivinar sus cualidades esenciales. Los comprendía. Sabía, por ejemplo, por qué en un robledal cada individuo era completamente distinto de los demás, o por qué no había en el mundo entero dos hayas que fueran idénticas. La gente le invitaba a sus casas de campo para que les pintara su tilo o su abedul favorito, pues al igual que hay artistas capaces de captar la personalidad de un caballo, él sabía captar la personalidad de un árbol."