tristezas y por el alcohol, iba por el camino tambaleándome como un barco viejo al
compás de las notas de una vieja canción marinera.
Era una canción la mía en tono menor, canción de pueblo salvaje y primitivo,
triste como un canto luterano, canción serena de una amargura grande y sombría, de la
amargura de la montaña y del bosque. Y era de noche. De repente, sentí un gran terror.
Me encontré junto al castillo, y entré en una sala desierta; un alcotán, con un ala rota, se
arrastraba por el suelo.
Desde la ventana se veía la luna, que ilumina a con su luz espectral
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Es locura vivir en torre de márfil a sabiendas de que no serás nunca un Juan Ramón. Y hablo por mí, que añoro la vida fuera de las torres y que sé que no soy poeta. (usuaria asidua no registrada y presidenta de la comunidad)