fuere también el discurso habré dado lo que se esperaba
de mis pocas letras, que amparadas, como dueño, de V. Excelencia y su
grandeza, despreciarán cualquier temor. Ofrézcole este discurso del
alguacil endemoniado (aunque fuera mejor y más propriamente, a los
diablos mismos): recíbale V. Excelencia con la humanidad que me hace
merced, así yo vea en su casa la succesión que tanta nobleza y méritos
piden.
Esté advertida V. Excelencia que los seis géneros de demonios que
cuentan los supersticiosos y los hechiceros (los cuales