He aquí lo que, en su vejez o al declinar de su vida, hizo Augusto. En su juventud fue acalorado, irascible y cometió varios crímenes sobre los que rememoraba a disgusto. Nadie se atreverá a comparar vuestra clemencia con la del Divino Augusto, ni aun poniendo en la balanza, junto a sus años juveniles, su caduca ancianidad. Es verdad que mostró clemencia y moderación: pero ello fue tras enrojecer el mar de Accio con sangre romana, luego de haber aniquilado en Sicilia tanto sus naves como la de sus enemigos y tras las hecatombes de Perugia y las proscripciones.