Muchas noches, Fiorello Bodoni se despertaba para escuchar los cohetes que
pasaban suspirando por el cielo oscuro.
Mientras su buena esposa estaba soñando, se levantaba y salía de puntillas al
aire de la noche. Durante unos momentos no sentiría el olor a comida vieja de la
casita junto al río. Después de permanecer un rato en silencio, dejaría que su
corazón volase hacia el espacio, siguiendo a los cohetes