- ¡Ahí está!, ¡Señor! ¡Míralo! ¡Ahí está! - cloqueó el viejo, señalando con un calloso
dedo -. ¡El viejo flautista! ¡Completamente loco! ¡Todos los años igual!
El muchacho marciano que estaba a los pies del viejo agitó sus rojizos pies en el
suelo y clavó sus grandes ojos verdes en la colina funeraria donde permanecía inmóvil
el flautista.
- ¿Y por qué hace esto? - preguntó.
- ¿Qué? - el apergaminado rostro del viejo se frunció en u